RESISTIR BAILANDO Una lectura biopolítica sobre la intervención urbana “Los Diablos Rojos de Víctor Jara”

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Abajo, por adentro del cerro, del Apu Huechuraba que es uno de los cuatro cerros tutelares de este valle andino del sur, se accede al Manka Pacha… Dicen que ese es el mundo de los espíritus, esos que los conquistadores llamaron diablos, y también de los muertos. Aquí una prueba de aquello.
Los Diablos Rojos de Víctor Jara en el cementerio, brotando la sangre del cemento.

 

Hipótesis

La intervención “Los Diablos Rojos de Víctor Jara” constituye en si misma y en su registro, una manifestación de resistencia sistémica desde un enfoque biopolítico de la intervención en tanto performance.

Introducción

Para esta lectura de la intervención callejera “Los Diablos Rojos de Víctor Jara” se propone un enfoque biopolítico, según los materiales revisados y lo recomendado por la docente.

Es interesante este punto de partida, ya que me dispongo en este momento a poner bajo otro lente un trabajo artístico del cual formo parte. Integro la comparsa en cuestión como gestora, creadora y coreógrafa, junto a otras 3 artistas santiaguinas[i] en el grupo gestor, y junto a 70 artistas que conforman la totalidad del grupo, integrado por performers-danzantes y músicos.

El origen discursivo de este grupo se inscribe en la investigación de la máscara como recurso estético y ritual, y sus posibilidades expresivas en la calle. En este contexto nace la figura del diablo rojo de lana, construido desde la mixtura de antecedentes de máscaras textiles de origen prehispánico como lo son el Kusillo, el Ayar Huma y el Ukuku, de las tradiciones andinas aymara y quechua, con la figura del diablo presente en la fiesta de La Tirana y tantas otras, donde el diablo viene a representar la resistencia de las creencias nativas de este territorio frente a la fe católica impuesta. Así, desde la mezcla de formas y sentidos nace esta figura, la cual decidimos instalar en la calle para festejar la figura de Víctor Jara, como hombre y artista, y cómo símbolo de un cultura criolla mestiza, que sobrevive en la sociedad de control que habitamos actualmente y en esta ciudad. Esta cultura tiene una identidad fuerte, caracterizada por inscribirse en los marcos de la lucha de clases y las nociones de proletariado y partido, sin embargo encuentra hoy un eco en nuevas generaciones de creadores que la toman (tomamos) como insumo creativo, para convocar subjetividades comunes, que en la calle permiten instalar la intervención y generar una suerte de ritual entre los performers-ejecutantes, los espectadores-transeúntes y el sentido que convoca la marcha donde todos avanzan.

Así la lectura de Los Diablos Rojos hasta ahora, y desde su interior, se basa en los pilares de las investigaciones teóricas y de campo de las culturas andinas, su cosmovisión y sus teatralidades rituales, y en la investigación práctica otorgada por la experiencia en teatro y danza de calle e intervenciones en espacios públicos. Desde ese interior rescato para esta lectura la intención rebelde de Los Diablos Rojos, intención que le da vida y permite su existencia, su fuerza y que fundamenta su carácter efímero y autónomo.

Entonces me retiro las lanas rojas y me siento a contemplar el registro de esta performance con otra perspectiva: la de la biopolítica y la de la eficacia de la performance, invitando al crecimiento discursivo y en profundidad de esta experiencia performática.

Marco Teórico

Para instalar el concepto de la biopolítica referiré al texto Historia de la Sexualidad (La Voluntad de Saber) de Michel Foucault, en su quinto capítulo: Derecho a la muerte y poder sobre la vida. Del mismo rescato principalmente la noción de anatomopolítica del cuerpo humano, que el autor define como primer polo de procedimientos de poder, activados sobre el cuerpo en la formación de la sociedad de disciplinamiento. En este se encuentran todas las formas de disciplinamiento del cuerpo que operan sobre su eficacia, sus aptitudes, su fuerza y su utilidad. Es decir aquellas técnicas corporales que a través de la educación o sistemas de trabajo, permiten al cuerpo convertirse, o convierten al cuerpo, en una maquina productiva, que se inscriba en los procesos de producción que sustentan el capitalismo[ii]. Propongo esta doble lectura, de si son las técnicas corporales las que convierten al cuerpo, o el mismo cuerpo quien a través de ellas se convierte, ya que me interesa introducir desde aquí el tema de la voluntad del sujeto, en tanto cuerpo, de modificarse, para acercarme luego a la idea de resistencia.

Foucault define a la anatomopolítica junto con la biopolítica como una

“…gran tecnología de doble faz —anatómica y biológica, individualizante y especificante, vuelta hacia las realizaciones del cuerpo y atenta a los procesos de la vida— (que) caracteriza un poder cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente.”

Desde esta noción de la biopolítica, comprendida como eje de la sociedad de disciplinamiento y a posteriori de la sociedad de control, podemos comprender la omnipresencia del poder en nuestras vidas cotidianas, signadas por la norma y por la construcción de las interioridades personales desde fuera[iii], desde tecnologías diseñadas para la confección de identidades subjetivas, que funcionen armónicamente dentro de un sistema de producción global. Desde esta comprensión es que nace el análisis de la canalización de la intención rebelde de los ciudadanos, y sus formas de constituir realmente una resistencia a este poder intruso, que llega incluso a constituirnos a nosotros mismos.

En su libro Imperio, los autores Michael Hardt y Toni Negri refieren a las resistencias de la siguiente manera:

“Las resistencias ya no son marginales sino activas en el centro de una sociedad que se abre en redes; los puntos individuales son singularizados en mil mesetas. Lo que Foucault construyó implícitamente (y Deleuze y Guattari hicieron explícito) es, entonces, la paradoja de un poder que, mientras unifica y envuelve dentro de sí a cada elemento de la vida social (perdiendo así su capacidad efectiva de mediar diferentes fuerzas sociales), en ese mismo momento revela un nuevo contexto, un nuevo medio de máxima pluralidad e incontenible singularización – un ambiente del evento.”[iv]

En esta paradoja del poder biopolítico podemos entonces comprender el rol de las resistencias, como partícipes del rizoma que se despliega en el ámbito social de nuestros días. En el marco de un poder que no media entre las distintas fuerzas sociales, que no participa ya de los conflictos sociales, sino que los envuelve en si mismo, una forma de resistencia ser la estrategia de integrarse al sistema de redes ya establecido y desde allí activar otros eventos. Estos, si bien entran en su forma dentro del dispositivo hegemónico, instalan otros contenidos (como microdispositivos) que, momentáneamente, pueden hacer la resistencia al proponer nuevas subjetividades y sembrar otras cosas.

En el mismo capítulo: Producción Biopolítica, los autores refieren al cuerpo social de la siguiente manera:

“… cuerpo biopolítico colectivo, el que podrá, sin embargo, permanecer contradictorio, tal como es paradójico. Este cuerpo se vuelve estructura no negando las fuerzas productivas originarias que lo animan sino reconociéndolas; se vuelve lenguaje (tanto lenguaje científico como social) porque es una multitud de cuerpos singulares y determinados que buscan relación.”[v]

Desde esta cita se instala la paradoja como espacio de ambigüedad para el análisis de la performance. Si bien la performance es en si misma una noción abierta y en constante movimiento, esta intervención en particular se vuelve aún más inabarcable, por ser desarrollada por un cuerpo-multitud, una muchedumbre que se inscribe en lo que los autores denominan cuerpo biopolítico colectivo.

Con respecto a su necesidad de reconocer las fuerzas productivas que lo animan y esa necesidad intrínseca de relacionarse, estos serán los determinantes de la formación interna de esta muchedumbre y de su vínculo, en tanto performance de resistencia, con el medio en que se instala.

Del mismo texto recogeré también la noción de espacio de comunicación, donde según los autores se instala la síntesis política del espacio social[vi]. La perspectiva propuesta observa la centralidad de las comunicaciones en el espacio global, especificando la capacidad del lenguaje de generar subjetividades mientras comunica. Esta característica de lo que se denomina trama biopolítica otorga al lenguaje, y por lo tanto al cuerpo como lenguaje en si mismo, la capacidad de establecer lo simbólico y ordenarlo.

Análisis

Para comenzar el análisis de la performance elegida y su registro partiré por el concepto de anatomopolítica propuesto desde el marco teórico, así iré abarcando uno a uno los conceptos invitados desde la bibliografía a ser lente de análisis de este fenómeno performativo.

Los Diablos Rojos de Víctor Jara instala en la calle una multitud de cuerpos, 70 personas, todos vestidos de rojo, con máscaras de lana tipo pasamontañas, pero de diablo: con cachos, nariz y orejas. Como se puede apreciar en la imagen, conforman un grupo significativo, que logra intervenir el espacio público, desde el color y desde el movimiento y la música en vivo (20 personas son músicos con bronces y percusiones). El vínculo de la intervención con la anatomopolítica planteada por Foucault se encuentra en que esta comparsa lo que hace es bailar. Avanza por la calle, con una formación concreta que varía de dos a cuatro filas, ejecutando coreografías al unísono que mezclan de una manera compleja los distintos pasos. Cada tema musical que se baila es un tema de Víctor Jara pasado a un ritmo concreto, que se inscribe en los ritmos de este territorio: saya, purrún, diablada nortina o gitano. Vinculando los mismos conceptos estéticos del vestuario en el aspecto musical de la intervención.

Así observamos un trabajo que cada ejecutante debe hacer sobre si mismo y en coordinación con los otros: disciplinar su cuerpo desde las técnicas de una danza específica, creada para esta ocasión solamente, con el fin de lograr un impacto en la calle. Así observamos el uso de técnicas de disciplinamiento corporal que implican altos niveles de coordinación motora, rítmica y precisión, ocupadas con un objetivo para nada productivo, en el sentido material de la producción: bailar. El fin de todo el trabajo físico concreto, realizado en los ensayos previos y por cada participante a solas, se ve finalmente en el despliegue corporal que se da en la danza, donde se presentan los cuerpos desde el movimiento. Este suceso o evento que es por esencia en vivo, donde se percibe la fuerza de los cuerpos, sus fluidos y su temperatura al bailar al sol, en la calle, durante el trayecto de la marcha (en un acto que se acerca a la noción de peregrinación), es un acto que, si bien improductivo a nivel material, se inscribe desde en la lógica de la producción de subjetividades del sistema biopolítico. No existe ganancia tangible para ningún participante del fenómeno de la performance, solo las reflexiones y/o emociones que pueda causar el evento en los ejecutantes y en los transeúntes que participan del hecho.

Se puede leer también una voluntad biopolítica del sujeto partícipe, de disponer de sus capacidades corporales para la intervención. Voluntad de inscribirse en este proceso otro, distinto de los círculos del trabajo, el estudio o el descanso.

Si consideramos que estos performers no son necesariamente artistas, sino que provienen de distintos ámbitos del entramado social, podemos observar la importancia del decidir participar. Implica cierto sacrificio en horarios extra que se suman por un período a la cotidianeidad:  concurrir a ensayos nocturnos, observar los videos que se suben a youtube con las coreografías y confeccionar sus vestuarios. Los Diablos Rojos de Víctor Jara se inscriben también en el archivo biopolítico desde su organización interna, absolutamente mediatizada por las redes, desde la circulación de información, hasta la trasmisión de contenidos corporales-coreográficos. En esta segunda edición de la intervención, fueron solo tres ocasiones previas a la salida a la calle en que se reunió todo el grupo, para vivenciar el colectivo en acción y así poder desplegar mayor dominio de la situación el día de la marcha.

Si volvemos solamente a la foto, desconociendo los procesos de construcción de la performance y sus características organizacionales, podemos observar el despliegue de una visualidad construida, en primer lugar, desde la multitud, alimentada por la fuerza cromática y la máscara. Se logra desde allí la construcción de un paisaje otro, distinto a la ciudad, instalado en el centro de ella en un evento masivo como lo es la marcha. En ella participan muchas identidades grupales, inscritas dentro del sistema y de las posibilidades urbanas: partidos, agrupaciones de familiares, sindicatos y barras bravas. Sin embargo este grupo no registra antecedente, si bien es una comparsa, no se sabe quiénes son. Son 70 personas que esconden su rostro y bailan. De esta manera la paradoja del cuerpo biopolítico adquiere visualidad, desde la resistencia al propio yo de los individuos que bailan. Cada uno renuncia a su presencia y esconde su rostro detrás de otra identidad, se transforma, entrando en la ambigüedad del juego de la máscara. El anonimato se establece entonces como opuesto a la sobre explotación de las identidades individuales en nuestro tiempo, desde la foto del carné de identidad hasta los perfiles virtuales. Los Diablo Rojos de Víctor Jara se vuelve entonces una obra de autoría anónima y masiva, sin nombres ni rostros, inscrita dentro del anonimato para cuestionar la autoría como fenómeno artístico y social, y la identidad como espacio estático y diferenciador dentro de la ciudad. De esta manera se acerca también a discusiones contingentes, como las luchas insurgentes, las manifestaciones de encapuchados en las marchas de nuestra ciudad y su contraparte la Ley Hinzpeter.

CONCLUSIONES

Los Diablos Rojos de Víctor Jara se constituyen como resistencia, paradójicamente, desde las mismos ejes que conforman el sistema biopolítico que habitamos: en primer lugar activando la anatomopolítica para marginarse de los procesos productivos que constituyen el capitalismo. Disciplinando el cuerpo con esfuerzos concretos y materializables para otra cosa, para un evento improductivo, excepto al nivel de las subjetividades.

Como performance constituye el espacio en que cada participante se empodera de si y manifiesta su ser cuerpo desde su voluntad de bailar, e instalar su presencia en la calle desde la danza y las habilidades que esta requiere.

Frente a la tecnología doble faz que describe Foucault al hablar de la combinación de anatomopolítica y biopolítica, cuyo efecto es lograr la individualización y la especificación, Los Diablos Rojos se presentan como el espacio opuesto: donde los sujetos se conforman en el colectivo, sin rostro y desde la multitud.

En esta performance, como la vemos en la imagen, se puede leer la insatisfacción de estos ciudadanos. Se puede leer que existen sensibilidades que no logran la armonía que nuestra sociedad de control pretende generar en nuestras interioridades, desde afuera construidas. Existe inconformidad y rebeldía, esa es la matriz de realizar una acción de arte como esta, donde no importa quién eres tú, sino tu necesidad de volverte otro. Si pensamos en la omnipresencia del poder biopolítico, que incluso en nosotros mismos habita, ¿no toma sentido de resistencia esta acción? Si el poder habita incluso en mi, entonces dejo momentáneamente de ser yo, abandono mi identidad concreta, mi nombre y mi apariencia, para dar lugar a lo otro desde mi presencia corporal.

En este nuevo medio de máxima pluralidad e incontenible singularización[vii], la instalación de una multitud uniforme, de seres anónimos, constituye un acto de rebeldía, que si bien se inscribe en el ambiente del evento, cimbra por un instante los cimientos de nuestra sociedad actual. Habla de la necesidad de crear y construir espacios de comunidad, aunque sean de existencia fugaz y no dejen más continuidad que el registro.

Se pueden leer nociones que parecen arcaicas, como comunidad, artesanía y ritual, que se han marginado de las redes del sistema biopolítico. Estas nociones se instalan en la lógica del archivo del evento: una situación que nace, se desarrolla y se termina, quedando su registro como soporte de su proyección y consolidación en la memoria colectiva.

Para finalizar quisiera destacar la bello, en tiempos como este, donde el control nos sigue hasta la intimidad y un@ suele pensar que está sol@, de encontrar 70 voluntades rebeldes que encuentran el tiempo de luchar contra sus propios cuerpos, para domesticarlos como su arma de intervención y volverse atletas del infierno en pleno centro de Santiago. Sujetos, hombres y mujeres, que convierten el entorno desde el transformarse a si mismos, y con el de al lado vencer el miedo a una nueva ley que prohibe cubrirse el rostro. Sujetos-cuerpos-presencias que instalan la muchedumbre y ya no son unas personas que se rebelan, sino un paisaje, autónomo y pasajero, que vuelve real lo otro al centro de la ciudad, aunque sea por unas horas. Su ficción, desde el recuerdo o desde el registro, posibilitará que se repliquen experiencias como esta una y otra vez. Porque en el fondo, cuando un@ se suele sentir sol@, y piensa que la calle ya está perdida, no hay nada mejor que encontrarnos y reapropiársela con la única arma que no se nos puede quitar.


Notas

[i]  Isabel Nuñez, Danae Alvarez y Carola Sandoval.

[ii]  HISTORIA DE LA SEXUALIDAD I (La Voluntad de Saber) Michel Foucault, Cap. V. DERECHO DE MUERTE Y    PODER SOBRE LA VIDA. Pág. 3.

[iii]   Referencia de clase, análisis del término    biopolítica.

[iv]   IMPERIO Michael Hardt – Antonio Negri, Traducción de    Eduardo Sadier, De la edición de Harvard University    Press, Cambridge, Massachussets, 2000, Pag 26.

[v] Idem, Pag 30.

[vi] Idem, Pag 32.

[vii] Idem, Pag 26.

 

Lucía Puime Vivas

Licencia de Creative Commons

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5 pensamientos en “RESISTIR BAILANDO Una lectura biopolítica sobre la intervención urbana “Los Diablos Rojos de Víctor Jara”

  1. Hola Lucía,

    Muy interesante tu artículo. Soy musicóloga chilena. Estoy radicada en Inglaterra y haciendo un proyecto que trata, entre otros temas, de iniciativas conmemorativas relacionadas con la dictadura. Podríamos establecer contacto por email, por favor?

    Saludos,

    Katia

  2. vi a esta agrupación en la marcha que se realizo el día 6/9/2014 en conmemoración de las victimas de la tiranía, y lo primero que hice fue averiguar su ideología y me gusto mucho su forma de pensar,
    ahora aun sigo buscando como me puedo contactar con alguien de esta maravillosa agrupación.

  3. “Sin duda, Hay que volver a bailar. Hay que recuperar el cuerpo. No es una cuestión de
    moral, sino de corporalidad. Reconquistar el cuerpo mediante la palabra, el baile, la
    asosiación, mediante todo lo que hace cuerpo. El cuerpo está en peligro; todos los
    cuerpos están en peligro: el cuerpo territorial está en peligro; el cuerpo social está
    amenazado por el gran mercado; el cuerpo animal y el humano están amenazados por
    los experimentos genéticos.
    …/En cierto modo, el mapa del genoma humano es, para el capitalismo, lo mismo que
    las minas, los recursos minerales, el petróleo. En cierto modo, las investigaciones
    transgénicas, la posibilidad de fabricar organismos transgénicos, permiten que todo lo
    vivo quede englobado por el capitalismo. Todo.
    Así, de la industria de las cosas, se pasa a la industria de la vida. La vida se convierte en
    una materia prima con la que ganar dinero. Basta recordar lo ocurrido en África con los
    retrovirales del sida.”

    8 de junio, 2001, Paul Virilio y Enrico Baj “discurso sobre el horror en el arte”

    Hola Lucía, buen momento en el que vine a leer esto! se viene la marcha y además estoy trabajando en mi tesis, y justamente tiene que ver en parte, con esto, en lo que refiere a globalización masificante/alienante y la perdida de individualidad/subjetividad.
    Encuentro genial desarrollar en paralelo un porqué escrito, en la calle todo tiene sentido, estamos en el momento. Pero que sucede después y antes? gracias a la escritura podemos extender la vivencia y el análisis mas allá de un par de horas de necesaria danza. Saludos!

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